El Apéndice II lo compone una selección de
ilustraciones a color. La expresión libros ilustrados
engloba productos distintos entre los que hay una fuerte
ósmosis: cuentos ilustrados, en los cuales el texto
tiene total o casi total autonomía respecto a las
imágenes; cómic y álbumes ilustrados,
en los que texto e ilustraciones son inseparables. En el
siglo XIX se pasó de las ilustraciones puramente
decorativas a las que suministraban una imagen de portada
y acompañaban escenas concretas de la narración.
Aparecieron luego relatos con imágenes indisolublemente
ligadas al texto: los cuentos ilustrados. Un paso más
fue dejar al texto una función de explicación
de los dibujos: el cómic, cuyo desarrollo a lo largo
del siglo XX va paralelo al del cine. Y a partir de la década
de los sesenta, cuando las condiciones sociales y los avances
técnicos lo posibilitan, con intenciones artísticas
y educativas se da un nuevo paso: los modernos álbumes
ilustrados, un nuevo medio del que se puede decir que ha
llegado ya a su madurez.
Este nuevo tipo de libros ilustrados se caracteriza por
emplear ilustraciones grandes que con frecuencia ocupan
páginas o dobles páginas enteras, y que no
son un complemento del texto sino que ellas son el texto.
Su conjunto quiere ser narrativo y tener el mismo formato
secuencial que el libro. Pueden emplear recursos gráficos
del cómic, pero no tienen tanto dinamismo ni juegan
con la misma clase de verosimilitud. Pretenden ir más
lejos que los tradicionales cuentos ilustrados y, aprovechando
el impacto de ilustraciones grandes que se pueden mirar
aisladamente, desean contener y despertar emociones, llegar
a la vez a la cabeza y al corazón. Las ilustraciones
pueden limitarse a completar la información que el
texto lleva a la mente, pero pueden introducir nuevos elementos
en la narración, o ir más lejos y favorecer
una comprensión sin descripciones o enriquecer el
texto hablado o escrito pulsando diversos resortes afectivos
o intelectuales.
La selección que sigue, necesariamente reducida,
se ha preparado para dar una idea de los distintos modos
en que los mejores álbumes consiguen lo anterior,
y con la intención de hacer notar la enorme riqueza
y variedad de las ilustraciones de los libros infantiles
y juveniles. Estas se presentan por orden cronológico
para mostrar algo de su evolución histórica:
unas pocas ilustraciones clásicas, algunas pertenecientes
a los primeros álbumes ilustrados y, sobre todo,
ejemplos de las últimas décadas en los cuáles
se ve cómo en los álbumes se han ido poniendo
en práctica toda clase de técnicas y se han
ido reflejando todos los estilos artísticos. La opción
de colocar muchas dobles páginas completas, a costa
de perder «espectacularidad», responde al interés
de apuntar los distintos modos en que los ilustradores utilizan
el diseño de la doble página e integran texto
e imágenes. En algunos casos, la elección
de las ilustraciones está motivada por el deseo de
hacer ver cómo la potencia y la singularidad de ciertas
propuestas desborda cualquier posible clasificación por edades.